domingo

Adiós gracias.

No es muy inteligente mantener tu pasado a la vista cuando no estás muy orgulloso de él.
No nos quedan caramelos señora, son balas perdidas.
Y algunas matan.



Al infierno se entra limpio. Vacío.

Me tumbo desnudo bajo el cielo inmenso de Africa sintiendo el contacto caliente del suelo contra mi piel seca, abrazándome como una madre amamantando por última vez un hijo ciego.
Grito un silencio atronador, mas grande que este cielo inmenso que lo cubre todo.
Un lamento sordo, pero mas fuerte que todo el dolor de los hijos de los hombres juntos, mas poderoso que todo este baile de angustia y muerte de los que chapotean salvajes frente a mis ojos ahora. Mas fuerte que la propia especie humana.
Dios no podría hacerlo mas poderoso.

Mi cabeza contra el polvo del génesis, mi frente manchada con la sangre seca de la locura humana.
Y yo dentro de mi y dentro de mi un solo eco.
Tenias que asomarte.
Entrar.
Ya sabias que no había marcha atrás. Un camino sin retorno. Pero tenía que hacerlo. Emprendí esta ruta mucho antes de saber siquiera que existía. Mis caminos solo son de ida y los llevo viajando desde que recuerdo, yo no los decido, se van pintando frente a mi con cada paso. No habría venido mal alguna bajada. Al menos un repecho para descansar unos metros.
Ahora sé por lo menos que camino solo en círculos, solo.
Y cada segundo grabado a fuego en la médula. Para siempre.

No quiero estar aquí, no quiero estar en ningún otro sitio.

Angelitos negros, de ojos rojos, siniestros, despojados de toda humanidad, inyectados en sangre, calientes de mariguana, brilla el reflejo de los kalashnikof, niños jugando a ser dios guardan las puertas del infierno.
Y al infierno se entra limpio. Vacío.

Me acuesto desnudo contra el suelo caliente y escucho crecer bajo mi cuerpo en lo mas profundo de la tierra un agujero negro que avanza absorviendolo todo a su paso. Arrasando todo. Siento que también se lleve todo esto y a mi con él, y siento todo el dolor que pueda sembrar. No hay otra opción. Me calmaba escribir, ya no habrá nunca mas calma.
Como los barcos se hunden en la tempestad me marcho, despues, con la calma, llegan las olas bonitas y del naufragio solo queda el recuerdo de unos restos de madera en la playa.
Quizá le sirvan a Penelope para enredar su ovillo cien veces mil veces, o los use algún surfero alguna vez, para hacerse una chasquita y freirse un pez mientras busca en el atardecer el perfil de una dulce ola formandose. Mar de fondo. Humo otra vez.

Sueño que hago surf, me veo surfeando olas pequeñas y afiladas, no siento dolor en mis rodillas.
Sueño que remo hacia dentro y no siento ningún dolor, solo mar.